¿Estamos tontos o que?

Esta noche, en el programa “gente” de la 1 de televisión española, han emitido imágenes de unos chavales rusos saltando desde el tejado de un edificio hacia un montón de nieve. La cosa les sale bien y salen caminando de la hazaña. Podrían haber muerto en el intento, pero no…

El mensaje que yo saco de esto es que puedes hacer el tonto y además de no pasarte nada, hasta puede que salgas en la tele. Yo no voy a saltar, pero seguro que más de un débil mental ya está preparándose para emular a sus nuevos héroes.

¿Es necesario dar ideas como esta por la TV pública?, ¿No hay contenidos más apropiados que hay que recurrir a esto?, ¿es posible tener un mínimo de ética y trabajar en la televisión?

Y es que una cosa es que quieras ver en YouTube las hazañas de los abundantes estúpidos candidatos a los Darwin Awards, y otra muy distinta que lo pongan en la cadena pública española que pagamos entre todos. Más cultura, información y humor sano y menos tonterías por favor!

Házte el sueco

Hoy he seguido en Microsiervos unos enlaces sobre un tema que me interesa: el movimiento slow. Entre los distintos enlaces he llegado a Caracoles.blogspot.com dónde he leído una anécdota que me ha gustado. Es esta:

La primera vez que fui a Suecia, en por los años 90, uno de mis colegas suecos me buscaba en el hotel toda las mañanas. Era septiembre, había un frío leve y nevisca; llegábamos temprano a la sede de Volvo y el estacionaba el automóvil bien lejos de la puerta de entrada (son 2.000 empleados con coche).

El primer día no dije nada, ni en el segundo, ni el tercero…

Después, con un poco más de confianza, una mañana pregunté:

¿Tienes lugar demarcado para estacionar aquí? Noto que llegamos temprano, el estacionamiento está vacío y tú dejas el auto allá en el final…” Y el me respondió simplemente así: “Es que llegamos temprano, entonces tenemos tiempo de caminar. Quien llega más tarde, ya va a estar atrasado; mejor que se estacione más cerca de la puerta.

¿No estas de acuerdo?

Time flies

Time flies when you’re having fun.

Well, I guess I must be having fun! 😉

Hay muchísimas cosas más divertidas o interesantes que leer o escribir un blog…así que si veis que no escribo durante unos días, ¡alegraros por mí!

Escribe tu objetivo, desarrolla un plan

Hoy quiero hablaros de Andreu Mateu, un hombre que ha aprendido a ver claro al no dejar que el miedo empañe su visión. Ha sido el primer español en cruzar el Atlántico a remo. No puedo estar más de acuerdo con todo lo que Andreu responde en la entrevista. La diferencia estriba en que lo que él sabe, lo sabe por experiencia, -que es la única manera efectiva de obtener conocimiento-, mientras que yo tan solo soy un aprendiz que reúne información para quizás algún día pasar a la acción. Saber lo que hay que hacer es relativamente fácil. Hacerlo ya es otra cosa. Hay pensamientos que son difíciles de interiorizar y hacerlos nuestros de verdad si no los hemos experimentado por nosotros mismos. Pero de todas maneras, -a la vista de las respuestas de Andreu-, uno tiene la tentación de apoderarse de sus sabias conclusiones… ahorrándose acciones tan drásticas como las que tomó él durante su catarsis: venderlo todo, cruzar un océano a remo, montar una empresa…
Las tres últimas respuestas son sencillamente geniales.

“Lucha por lo que quieres y serás feliz”

Entrevista de IMA SANCHÍS – 27/04/2007 para la sección “La contra” de la Vanguardia.

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Tengo treinta y quince años. Nací en Reus y vivo entre Madrid, Barcelona y Tarragona. Me licencié en Ciencias Empresariales y creé una empresa dedicada a la motivación de equipos humanos a través de conferencias y actividades al aire libre (Dream& adventurs). Soltero y sin hijos. Librepensador. Creo en el poder motivador de los sueños.

Andreu Mateu

– Yo siempre aplico la misma fórmula: tengo un sueño, lo pongo por escrito, lo convierto en un objetivo y desarrollo un plan.

– ¿Cuál fue su primer sueño?

– Licenciarme en Empresariales pese a ser un estudiante pésimo. Nadie creía que yo acabaría la carrera. El segundo sueño fue irme a trabajar a Nueva York, y conseguí un excelente empleo en la embajada de España. Pero al cabo de cinco años, abrí una galletita en un restaurante chino de Manhattan.

– ¿De esas con mensaje?

– Sí. “Nunca sabrás lo que eres capaz de hacer hasta que lo intentes”, decía. Y nació mi siguiente sueño: cambiar el traje y la corbata por el proyecto Transcovery.

– ¿Eso suena lejos?

– Recorrí 120 países en 130 formas de transporte distintas. De Reus a Barcelona en patines, crucé Mallorca en un patín catalán y el estrecho de Gibraltar a nado. El Atlántico lo crucé en un velero y Europa en bicicleta. Y di la vuelta a África en moto.

– ¿No le dio vértigo abandonar su vida?

– Antes de embarcarme en ese sueño hice un informe de mi vida que se titulaba De dónde vengo, dónde estoy y adónde quiero ir,un ejercicio que recomiendo a todos. En el apartado dónde estoy hice una lista de cuáles eran mis puntos fuertes y cuáles los débiles.

– ¿Y qué descubrió?

– Que todo lo que tenía en Nueva York: un trabajo, un apartamento, corbatas, trajes, un descapotable, televisor, esquís, palos de golf… no eran mis activos; así que lo vendí todo. Mis activos eran mi educación y mi red de conocidos y amigos, y eso no lo perdía.

– Una vez en la aventura, ¿cuántas veces se preguntó qué hago yo aquí?

– Ninguna. Desde el día en que tomé la decisión y comencé los preparativos viví con ilusión y entusiasmo, y una vez allí lo disfruté. Cuando regresé a España, mi siguiente sueño fue montar una empresa, y ahí sí que he estado muchas veces tentado a tirar la toalla, me ha costado diez años y lo he pasado muy mal, es un mundo lleno de tiburones.

– ¿Por eso se metió en el siguiente lío?

– En un rinconcito de mi mente siempre estuvo el sueño de cruzar el Atlántico a remo.

– ¡¿Pero por qué?!

– Es mi manera de llenarme la vida de entusiasmo. Cruzar el Atlántico fue un gran reto, porque cuatro meses antes no había navegado nunca. Pero fue fantástico, aprendí muchísimo de náutica, descubrí lo bien que se está solo en mitad del mar y disfruté de la calidad de las conversaciones que tuve con amigos que me llamaban. Vivimos en un mundo en el que todo va demasiado deprisa.

– Estoy de acuerdo.

– En medio del océano puedes reflexionar sobre ti y las personas que quieres; valorar lo que tienes… La empresa iba bien, tengo un buen equipo, podía lanzarme a remar.

– ¿No será usted un poco temerario?

– Estoy convencido de que todos podemos más de lo que pensamos y que la principal barrera que hay entre dónde estamos y dónde queremos estar es nuestra propia mente. Si te concentras, te preparas, hablas con quien sabe del tema, investigas, lees y te buscas un buen equipo, todo es alcanzable. Después de cruzar el Atlántico a remo la gente se me acerca y me toca el brazo. Toque usted…

– No es usted Schwarzenegger.

– El músculo que importa no está en el brazo, está en la mente. Yo no había remado nunca antes, y tampoco me entrené yendo a un gimnasio, ya tendría tiempo de remar y de ponerme en forma por el camino.

– Tiene usted valor.

– Mi valor está en haberme enfrentado a mis miedos y haber decidido seguir adelante pese a que todos me dijeran que estaba loco. Todo esto se produce en la mente, y también hace falta cabeza para llevar a cabo los preparativos, que me llevaron once meses.

– ¿Qué fue lo más impactante de esos 99 días remando en solitario?

– La cantidad de vida social que tuve. Diseñé una web en la que cada día escribía mi crónica y creé un apartado al que la gente me podía enviar mensajes, lo hice pensando en mis amigos y mi familia. Pero resultó que hubo 4.000 personas que seguían mi crónica.

-… Solo no estuvo.

– No. Una de las grandes satisfacciones de este proyecto han sido los 5.600 mensajes de motivación que he recibido y la gente que me ha contado que mi experiencia le ha hecho cuestionarse el rumbo de su vida.

– ¿Algún otro aprendizaje?

– Que en la vida, cuando vivimos con ilusión y persistimos, las montañas se convierten en llanuras. Debes tener claro lo que quieres y luchar por ello, porque eso te hará feliz.

– ¿Ha pasado miedo?

– A menudo. Pero el coraje no es más que saber vivir con el miedo. Yo cuando siento miedo no permito que me bloquee, lo que hago es prepararme más todavía.

– ¿En qué le ha cambiado esta travesía?

– Si te distancias de esta sociedad acelerada, la ves como un gran hormiguero lleno de vidas muy complejas asediadas por millones de informaciones: noticias, ruido, contaminación, publicidad, multas, colegios, hipotecas… Desde fuera parecen todos locos.

– ¿Con qué sueño ha vuelto?

– Con el de vivir la vida más despacio, con más disfrute. Hacer menos cosas al día y a mi ritmo, no al ritmo que impone la sociedad. Quiero buenas conversaciones y calma. El secreto es renunciar a cosas. Estoy convencido de que uno puede construir su felicidad.

– ¿Cómo?

– Construyendo su vida, siendo el artífice, el arquitecto, el que conduce el coche y no el pasajero que se deja llevar.

Actualización:
Una buena amiga que le da al remo coincide en encontrar inspiradora esta entrevista, y me envía el enlace a la web del proyecto ahora cumplido de cruzar el Atlántico: Con un par de remos
Por cierto… esto del con un par de remos me recuerda a otra cosa que no le debe haber ido mal para cumplir su objetivo.

¡Sorpresa!

Hoy os invitaré a la reflexión de mano de una de esas fantásticas historias que Paulo Coelho nos cuenta en su pequeño gran libro “Maktub”:

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Vamos a imaginar que la vida es perfecta. Estás en un mundo perfecto, con personas perfectas, que tienen todo lo que quieres, en el que todo el mundo lo hace todo correctamente, en el momento oportuno. En este mundo tienes todo lo que deseas, sólo lo que deseas, exactamente como lo soñaste. Y puedes vivir cuantos años quieras.
imagina que, después de cien o de doscientos años, te sientas en un banco inmaculadamente limpio, ante un paisaje magnífico, y piensas: “Qué aburrido! ¡Falta emoción!
En ese momento, ves un botón rojo delante de ti, que dice: “SORPRESA!”

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Después de considerar todo lo que esta palabra significa, ¿pulsas el botón? ¡Claro! Entonces entras por un túnel negro, y sales al mundo en el que estás viviendo en este momento.

Parece ser que el ser humano se cansa de todo…incluso de la perfección. Por cierto…¿donde andará mi botón rojo? ¡Quiero mi sorpresa ya!