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Almendruco’s Trick

El misterio de la vida consiste en dominar el viejo truco del almendruco





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    Amo a mi mujer

    6 January 2007

    Hoy me siento inspirado para recomendar un libro de los buenos. Son las cartas de Richard P. Feynman que Michelle, -una de sus hijos- recopiló, ordenó, comentó y editó en este fantástico libro. Richard fue un gran ser humano que demostró un gran interés por la vida y le sacó el máximo partido posible. Su mente privilegiada le permitió rehuir de la rimbombancia de títulos honoríficos y de los “circos” sociales. Fue un hombre que tuvo el atrevimiento de pensar por sí mismo, ser consecuente, y además ser feliz en el proceso. Fue ejemplo para todos quienes tuvieron la suerte de conocerlo. Yo le he conocido por este libro: “¡Ojalá lo supiera!” Uno se pregunta a que se debe ese extraño título, pero todo cobra sentido a medida que se avanza en el libro. Muchísimas de las cartas son de personas pidiéndole consejo sobre temas relacionados o no con la física (su campo). Richard solía contestar sinceramente y abordando diversas hipótesis. Contestaba las cartas de una manera en la que era difícil que el interesado no recibiera una respuesta que le sirviera. Además, las cartas están escritas mostrando siempre mucha educación, respeto y cariño. Ha sido un verdadero placer leer sus cartas. Están en orden cronológico y empieza con cartas de amor a Arline, su primera esposa. Por supuesto, a lo largo del libro se intercalan las cartas que le envían a él, ligando la trama de su vida en base a estos fragmentos escogidos. Lo cual, es un acierto -debo decir- porque el contenido de las cartas que le enviaban a Richard nos dice mucho del tipo de persona que era él y el efecto que causaba en los demás.

    Lo que ocurre con Richard, es que se juntó un gran talento científico con una gran personalidad amante de la vida que irradiaba vitalidad y contagiaba alegría a sus allegados. La humildad lo caracterizó siempre, lo cual tiene mucho mérito considerando que reunía muchas condiciones para sentirse superior a la media.
    Quizá la ventaja con que contó Richard, es la capacidad de pensar bien, de usar su cerebro de un modo correcto y creativo.

    Quien quiera aprender como pensar mejor de manos de un experto en eso como fue Richard P. Feynman, que no dude ni un momento en hacerse con este libro. No se arrepentirá.

    Hay muchas cartas destacables en el libro, pero hoy, dia de los Reyes Magos de Oriente, os voy a regalar quizá la mejor carta de todo el libro. Al leerla entenderéis porqué:

    Esta carta está muy gastada -mucho más que las otras- y parece que la hubiera releído a menudo.

    Richard P. Feynman a Arline Feynman

    17 de octubre de 1946

    Arline:
    Te adoro, cariño.
    Sé cuánto te gusta oír esto, pero no sólo lo escribo porque a ti te guste; lo escribo porque me reconforta escribírtelo.
    Ha pasado un tiempo terriblemente largo -casi dos años- desde la última vez que te escribí, pero sé que me excusarás porque sé que entiendes cómo soy, tozudo y realista; y creía que no tenía sentido escribir.
    Pero ahora sé, mi querida esposa, que está bien hacer lo que he retrasado hacer y lo que tanto he hecho en el pasado. Quiero decirte que te quiero. Quiero amarte, siempre te amaré.

    Me resulta difícil entender lo que significa amarte después de que hayas muerto, pero aún quiero consolarte y cuidar de ti, y quiero que tú me ames y cuides de mí. Quiero tener problemas que discutir contigo, quiero hacer pequeños proyectos contigo. Hasta ahora nunca pensé que pudiéramos hacer eso juntos. Que deberíamos hacerlo. Juntos empezamos a aprender a hacer telas juntos, o a aprender chino, o conseguir un proyector de cine. Ahora no puedo hacerlo. No. Estoy solo sin ti y tú eras la “mujer-idea” y la instigadora de todas nuestras aventuras salvajes.

    Cuando enfermaste te preocupaste porque no podías darme algo que tú querías hacer y pensabas que yo necesitaba. No tenías que haberte preocupado. Igual que te dije entonces, no era necesario porque te quería mucho y de muchas maneras. Y ahora es incluso más cierto: no puedes darme nada ahora pero yo te quiero y te interpones en mi camino para amar a cualquier otra pero quiero permanecer así. Tu, muerta, eres mucho mejor que cualquier otra viva.

    Sé que me dirás que estoy loco y que quieres que sea plenamente feliz y no quieres interferir en mi camino. Apostaría a que estás sorprendida de que ni siquiera tenga una novia (excepto tú, tesoro) después de dos años. Pero no puedes evitarlo, cariño, ni yo puedo; no lo entiendo, pues he conocido a muchas chicas y muy guapas y no quiero quedarme solo, pero tras dos o tres encuentros todas ellas parecen cenizas. Sólo tú me quedas. Tú eres real.

    Mi querida esposa, te adoro.


    Amo a mi mujer. Mi mujer está muerta.


    Rich.


    P.D. Perdona que no eche esto al correo, pero no sé tu nueva dirección.

    4 comentarios to “Amo a mi mujer”

    1. omalaled es tan amable de compartir con nosotros lo siguiente:

      Feynman fue un físico y una persona excepcional. Lo he dicho muchas veces, pero no me importa repetirlo: premio Nobel de Física y declarado deficiente mental por el ejército de los EEUU (se relata en el libro “¿Está Ud. de broma, Sr. Feynman?”).

      Tengo pendiente ese libro que recomiendas.

      Un gran artículo.

      Salud!

    2. edusol es tan amable de compartir con nosotros lo siguiente:

      Muchas gracias Omalaled :-)

      Y yo tengo pendiente leer más sobre él. He corregido un pequeño error de ortografía en tu comentario. Habías puesto “relara” en vez de “relata”. ¿Debería corregir también “deficiente” por “eficiente”? 😉 es broma. Creo que también leeré “Está Ud. de broma, Sr. Feynman?”

      Salud!

    3. jcsillero es tan amable de compartir con nosotros lo siguiente:

      Siempre he pensado que hay gran número de gente inteligente, bastantes que podrían considerarse muy inteligentes, y unos pocos de aquellos que podrían considerarse autenticos genios. Sin embargo, són aún menores en número, aquellos que pueden considerarse “GRANDES” seres humanos y “GRANDES” personas, aquellos que con su luz iluminan el camino a todos los que se les aproximan. Leyendo la carta de Feynman, he creido sentir que este hombre podría ser uno de estos seres especiales, que de tan raros, a veces uno duda de si pertenecen a la misma especie que el resto de nosotros.

      Es por ello que alzo un brindis por el cientifico, y cien más por el ser humano.

      Saludos afectuosos

    4. edusol es tan amable de compartir con nosotros lo siguiente:

      Brindo por ello Juan Carlos.

      ¡¡¡Pero no cien veces!!! Nunca he cogido una cogorza y no voy a empezar hoy… 😉

      Saludos correspondidos

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