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Almendruco’s Trick

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    La presentadora que lloró

    14 December 2006

     

    Hoy viendo las noticias por TV3 (un canal autonómico de Cataluña en España) he observado como se emocionaba la presentadora durante un corto segundo. Ha sido un pequeño y cortísimo descuido en el que se ha apreciado como se limpiaba incipientes lágrimas de sendos ojos. Ha ocurrido justo después de que le volviera la conexión un compañero periodista (Antoni Basses) que acababa de pronunciar unas bonitas palabras sobre un programa de televisión que TV3 hace cada año. El programa se llama “La marató de TV3” que como su nombre indica, es una maratón para recogida de dinero para buenas causas. Este año lo dedican a la lucha contra la fibromialgia, una enfermedad de dolor crónico terrible.

    No recuerdo las palabras exactas que ha pronunciado Antoni, pero venían a decir que consideraba este programa de la maratón como el mejor programa del mundo y que él como presentador se sentía muy honrado. Decía que la razón por la que es el mejor programa del mundo es porque ese programa saca lo mejor de las personas de los dos lados de la pantalla. Creo que la sinceridad y la solemnidad que reflejaba el rostro de Antoni Basses al pronunciar estas palabras han desatado la emoción de su compañera presentadora de las noticias.

    Lo que me ha llamado la atención (agradablemente) es re-descubrir que la televisión la hacen personas y no “presentadores de t.v”. Hay una gran diferencia, al menos en mi mente. Me explicaré. No sé vosotros, pero yo estoy acostumbrado a ver demasiados noticiarios en los que por causa de centrarse excesiva y exclusivamente en la información -tal y como indican las reglas del buen periodismo-, dejan fuera toda opinión y expresión de sentimiento que nos haga recordar a los espectadores que quien nos habla es una persona como nosotros, una persona que tiene sentimientos. Si pasas mucho tiempo evitando que tus sentimientos afloren al exterior, la gente puede llegar a olvidar o a percibir que los sigues teniendo.

    Es como las estrellas del cielo, que a menudo olvido que existen porque vivo en una ciudad y no acostumbro a mirar hacia arriba. Cuando hay un problema con las farolas de la calle y estas se apagan, aparecen súbitamente unas estrellas que re-descubro como si fueran nuevas. Lo bueno de olvidar algo es la alegría de volver a descubrirlo. Hoy me he alegrado de re-descubrir que las presentadoras de televisión tienen sentimientos.

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